Roberto Bolaño: El verdadero detective salvaje


El último gran escritor latinoamericano tuvo una vida tan corta como intensa. Su obra trascendió hasta convertirse en el nuevo hito de la literatura y de los escritores de lengua hispana, colocándose a la altura de figuras como Gabriel García Márquez y Julio Cortázar y convirtiéndose en un autor de devoción y de culto.

(Publicado originalmente en la revista SBA Report)

No confunda su nombre con el de “Chespirito”, Roberto Gómez Bolaños. Roberto Bolaño fue un poeta y escritor chileno quien, en su exigua vida, logró cambiar el rumbo de la literatura en América Latina. Su estilo y prosa les dieron una nueva vida a los escritores de una generación que buscaba superar el “boom latinoamericano” y escapar de la etiqueta del realismo mágico. En apenas 50 años, dejó un legado que llegó a la cúspide con su galardonada novela “Los detectives Salvajes” (ganadora de los premios Rómulo Gallegos y Herralde) y la póstuma “2666”.

Nació en Santiago de Chile el 28 de abril de 1953. A los 13 años, su familia se mudó a México. No obstante, su inclinación izquierdista hizo que regresara a los 20 años a su país natal para vivir, luchar y defender el socialismo de Salvador Allende. Pero llegó tarde: poco después de una semana ocurrió el golpe de estado de Augusto Pinochet, se unió a grupos subversivos y fue detenido por la policía. A los ocho días, uno de los detectives resultó ser un viejo amigo de la escuela, quien lo ayudó a escapar.

En 1977 fue a España, donde ejerció oficios disímiles con el objetivo de sobrevivir: lavaplatos, mesonero, vigilante nocturno de campings, basurero, estibador, vendedor de bisutería, etc. Ya en la década de los ochenta ganó un pequeño premio municipal de literatura que le daría los fondos para dedicarse a escribir.

“Yo como poeta no soy nadie, soy totalmente prosaico, cotidiano”.

Roberto Bolaño

Bolaño era mañoso, perfeccionista, tímido, curioso, con un cuerpo frágil, fumador empedernido y con una vida disoluta que le pasaría factura cuando en 1992 le detectaron una cirrosis hepática que, once años después, le causaría una dolorosa muerte al no conseguir un transplante de hígado.

A pesar de su porte lánguido, refleja en sus historias cierta violencia, al reconocer en sus relatos el infierno intrínseco de una América Latina llena de paradojas. Sus personajes son, de alguna manera, náufragos que no tienen referencia de una nacionalidad precisa. Esa obsesión de “salir” del caos de sus países se manifiesta a través de una narrativa y una estética casi “kafkiana”, que divaga entre lo irreal y la intimidad.

Su propia vida fue así, habitando en varios países, sintiéndose chileno, mexicano y español, en una realidad casi inventada entre las penurias, la literatura y los excesos. Esa “no ficción” la expresa en “Los detectives salvajes”, una historia que relata la búsqueda en la que se embarcan los poetas Arturo Belano y Ulises Lima en pos de la poetisa Cesárea Tinajero, creadora del movimiento “realismo visceral”, reflejo del “infrarrealismo”, inventado como corriente poética por el propio Bolaño junto a su amigo mexicano Mario Santiago. Ambos se ven plasmados en Belano y Lima, respectivamente, cuyas historias son narradas en una red de testimonios, relatos y entrevistas de decenas de personajes que van armando su investigación, que se prolonga por veinte años y en la que hay de todo: amores, pasiones, escapes, asesinatos, borracheras y violencia, culminando en la recreación del infierno en la tierra, en la ciudad ficticia de Santa Teresa, alter ego de Ciudad Juárez (México).

Bolaño se veía a sí mismo como poeta. De esta manera, creó el “infrarrealismo”. En una entrevista expresó: “Yo comencé a escribir poesía, al menos cuando la apuesta era a vida o muerte; lo que hacía era escribir y leer mucha poesía. Siempre he admirado la vida de los poetas, esas vidas desmesuradas, tan arriesgadas. Y en ese sentido, tal vez mi amor por la poesía se refleja en algunos de mis escritos”.

Posteriormente, y a sabiendas de su delicado estado de salud, trabajó incansablemente y publicó diversos poemas, cuentos y novelas, como “Amuleto”, “Nocturno de Chile”, “Los perros románticos”, “Putas asesinas”, “Amberes”, “Una novelita lumpen” y “El gaucho insufrible”, entre otras.

La muerte lo sorprendió en 2003, días después de culminar “2666”. Bolaño dejó instrucciones precisas a su editorial, Anagrama, para que la enorme novela de 1125 páginas fuera publicada en cinco libros, de manera que le asegurara sustento a sus dos hijos y a su esposa luego de su desaparición. Sin embargo, su editor y amigo, Jorge Herralde, junto a su familia, coincidieron en que debía ser publicada en un solo tomo, tal como lo merecían sus lectores.

Como pocos, Bolaño logró cambiar con sus obras el destino de la literatura, acariciando una fama que no quiso buscar y que no terminó tampoco de saborear, mostrando el delirio de sus historias y de sus personajes. Murió a sabiendas de no que no ganaría el Nobel, aunque sí convencido de algo: de que se iría como un gladiador invicto.



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