Poema 1


He visto salir los demonios de una mujer mientras duerme.
A una mujer no la definen sus temblores uterinos.
Sólo determinan una parte de su personalidad.
Espasmos de su otro yo
Que en movimientos telúricos comparte con otras pieles.

La mía fue una noche su epicentro.
Y temí encontrar seísmos de otros tiempos.
Su fantasma, siempre presente,
Se hizo carne viva y aliento caliente.

Confundí su gemido
Con mi recuerdo
Y sus curvas revivieron
Ese cuerpo que no olvido.

Hasta el olor la trajo aquí,
Con distinto empaque,
Pero lleno de símiles perfumes,
Invocación imperecedera por años de amor afín.

Sólo entre sus cabellos,
Ya escarchado de canas
Entendí que no era aquella,
Ya tan lejos de mí.

Recosté mi cabeza en su lecho
Y fijé la mirada en su melancólico sueño.
Fue entonces cuando reconocí
Que su alma agitada sollozaba en silencio.
Llena de temores y de pesadillas
Meramente mi cariño la salvaría.

Y sé que la lujuria no es semejante sentimiento
Pero sí lo es mi recuerdo y su aliento.
Y en esta mañana iluminada en silencio
Yo destapo su presencia, su cuerpo y mi viejo enamoramiento.


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